Todos cuando nos enamoramos empezamos con una ilusión desmesurada, por haber conocido una persona como aquella, por ser como es, por haber sido capaz de robar nuestro corazón a pesar de los desamores por los que hemos pasado antes.
Cuando seguimos teniendo contacto con el ser querido, cada conversación es como un mundo nuevo, siempre se habla con una ilusión inexplicable, como el primer día en que le conocimos, que casi dábamos saltos de alegría.
El tiempo pasa, y con todo el amor que sentimos acabamos confesándoselo, aunque sabemos que corremos un cierto riesgo y que hay dos probabilidades: de que acepte nuestro amor, y lo más temido: que nos quiera solo como amigo/a.
Pero aparte de enseñarle su amor, también lo hacemos con la intención de que se dé cuenta de que alguien lo quiere por lo que es, no por lo que aparenta ni por lo que tiene. Que se dé cuenta de cuánto le queremos. Que se dé cuenta de cuánto nos importa. Que se dé cuenta de que es importante para alguien. Que se dé cuenta que hay alguien dispuesto a todo por su amor. Que se dé cuenta que posee algo muy valioso: el corazón de alguien que le ama.
Cuando esa persona solo prefiere nuestra amistad, se siente como si el mundo se nos acabara, como ver nuestro frágil corazón de cristal roto en mil pedacitos, como si nos quitaran el aire y todo aquello que poseemos. Pero decidimos ser valientes y seguir adelante. Lo aceptamos sin reproches y ni tan solo una lagrima deslizándose por nuestro rostro, aunque estemos destrozados.Lo que más se llega a desear en aquel momento es que jamás desaparezca de nuestra vida. Incluso para asegurarnos le haríamos prometer que nunca nos abandone. Entonces, lo único que ha vuelto a dibujarnos una sonrisa, fue justo él/ella, prometiéndonoslo.
A la siguiente conversación todo fue como si no hubiera pasado nada. Nuestro mayor deseo se cumplió: que a pesar de todo, nada cambie.
Poco a poco llegamos a la conclusión que él/ella se olvidó de todo, aunque nos imaginamos que lo más posible es que no sea así. Llegamos a creer aquello por los nuevos temas que surgen: empieza a hablarnos de amores, tal y como harían dos amigos. La reacción es disimular cuando aquellas situaciones nos afectan, como si no nos doliera ni pasara nada al escucharlo. Pero sabemos perfectamente que nos dolía más que las espinas de una rosa contra la piel. No nos quejemos porque sabíamos que luego él/ella tendría que evitar siempre sacar el tema para no hacernos daño, y al fin y al cabo no sería una amistad como queremos que sea: contarse todo como una amistad normal.
Pero aparte de esto pensamos que a lo mejor lo hace para ponernos a prueba: si reaccionamos mal seria obvio que estamos muertos por él/ella, y si reaccionamos bien, lo más probable es que piense que nos hemos olvidado de su amor. Es una decisión difícil porque no queremos ninguna de las dos opciones, no queremos que sepa que nos morimos por él/ella y tampoco que le olvidamos. Pero elegimos fingir porque así evitamos machacarnos a nosotros mismos, aunque sabemos que pronto acabaremos diciéndole, ya que nos hiere demasiado. Pero a lo mejor no es nada de esto, lo pensamos solo por el simple hecho al miedo de perderle.Con todo esto quiero decir que nadie ha sido capaz de hacerme sonreír tantas veces en un solo día, al empezar el día viéndolo de otro modo, hacerme la persona más feliz con tan solo saber que estás ahí y hacerme creer de nuevo en el amor.
Esto ya no lo digo por mí, sino que es un consejo que también lo dará la vida con el tiempo: intenta apreciar lo que tienes y mucho más si lo que tienes es un amor. No lo pierdas, porque el amor es el sentimiento más puro, dulce, hermoso, agradable y todo lo que uno llegue a querer. Aunque éste también trae sufrimiento cuando alguien no es correspondido, pero vale la pena porque solo así aprendes a amar de verdad. Y si es así, lo único que se pide es no perder a esa persona de ninguna manera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario